Anglicanismos y hegemonías: una revisión del léxico de Covid-19

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Foto: D. Vides

por ELENA BURGOS MARTÍNEZ – Universidad de Leiden

Es todo cuestión de palabras.

La reciente aparición de una gran cantidad de material relacionado con COVID-19 muestra que todos narramos esta crisis. Los conceptos cotidianos se deconstruyen y reconstruyen, reproducen y coproducen y, como usuarios, todos habitamos los dominios de la terminología. Pero cuando el lenguaje nos falla, cuando los espacios lingüísticos de la investigación pública no se adaptan a la sofisticación de la diversidad lingüística, ¿entonces qué? Situada más allá del dualismo academia y política, esta iniciativa busca volver la mirada hacia adentro en la disección de palabras, conceptos y silencios cotidianos, tanto familiares como desconocidos, más allá de una aproximación dualista al significado y al significante, para resaltar el impacto de los sesgos y supuestos actuales, ya que persisten en el trasfondo constitutivo de las políticas de sociabilidad, salud y enfermedad.

Las palabras hacen mundos (Gluck y Tsing, 2009). Recientemente, nuestros mundos han sido sometidos a la aparición de un nuevo léxico y, una vez más, transformados por el proyecto cultural de los poderes existentes: la ‘unidad’ contra el ‘esparcidor de plagas’ ha revitalizado las masculinidades existentes de una variedad de nacionalismos alrededor de los mundos. Mientras tanto, los mundos no traducidos de las desigualdades sociales existentes se han retirado a los espacios dialécticos de la crítica ensordecedora. Lo que se deja sin ordenar y sin traducir también produce mundos; la supuesta universalidad del vocabulario y los conceptos de COVID-19 ha contribuido a las fricciones socioculturales existentes: la diversidad de lugares está subyugada a la homogeneidad de sus mayorías. En un intento por estandarizar las nociones de salud, enfermedad y prevención, las organizaciones supranacionales lo han tomado para anglicar y estandarizar lo local, lo experimentado, lo contextual y lo vernáculo. Es hora de aprovechar las etnografías y los ejercicios de observatorio basados ​​en el hogar y nacidos en el hogar, en los que hemos sometido a revisión nuestras propias prácticas, tendencias y rutinas.

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La (a)temporalidad del léxico de COVID-19 sugiere que ha llegado para quedarse, con todas sus viejas clasificaciones de cuerpos, relaciones corporales, moral culinaria, propagandas curativas, ejercicios de romantización y demonización, las palabras que hemos comenzado a recitar casi a diario llevan rastros de ontologías de poder existentes, dejando una marca en el espíritu mismo de una comunidad. Esto va más allá de lo textual, es una cuestión de los sentidos: saboreamos, sentimos, oímos, vemos y olemos nuevas temporalidades que se sienten atemporales, normales que se sienten anormales, novedad que se siente vieja. Las metáforas, manifestaciones visuales, paisajes sonoros y delineaciones de la pandemia de COVID-19 constituyen marcos desconocidos, nuevos y familiares desde los que (re)interpretar la rutina.

¿Qué palabras/conceptos funcionan como pilares de los órdenes comunicativos de COVID-19? ¿Cuáles son los poderes y hegemonías que el nuevo vocabulario COVID-19 ha habilitado y/o deshabilitado? ¿Qué metamorfosis han atravesado los léxicos de la socialidad durante el primer trimestre de 2020? ¿Qué ha quedado sin ordenar y sin traducir en todo este lío y en todo este orden? ¿Cómo afectan las conceptualizaciones estandarizadas y anglicanas de la salud, la enfermedad y la prevención a la diversidad de los paisajes lingüísticos locales y las socialidades que ilustran?

Referencias

Gluck, C.; Tsing, A. L. (eds.) (2009) ‘Words in Motion: Toward a Global Lexicon.’ Duke University Press: Durham and London.

Fuente: AnthroDendun/ Traducción: Maggie Tarlo

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