La silla de estiércol del Papa

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por EMILY ZAREVICH

No, ni la monstruosidad de Juego de Tronos hecha de espadas ni los primeros intentos desastrosos de construir una silla eléctrica. Según la leyenda, solía haber una silla perforada, la sedes stercoraria, o «silla de estiércol», en la que el Papa recién elegido tenía que sentarse para que le examinaran las partes íntimas. Esto no se hacía por motivos de salud, sino para verificar que el jefe de la Iglesia Católica fuera un varón “biológico”. Un control aseguraba que una mujer disfrazada no pudiera infiltrarse y tomar el poder en el Vaticano.

La culpa de este ritual puede recaer en la Papa Juana, que pudo haber existido o no en la Edad Media. Según cuenta la historia, la Papa Juana era un travesti convincente y un gran académico que logró ascender hasta el pontificado. Se desempeñó como Papa durante dos años y no generó sospechas sobre su verdadera identidad hasta que, durante una procesión desde San Pedro a San Juan de Letrán, tuvo un parto prematuro y dio a luz. El estudio del académico religioso Thomas F. X. Noble sobre la Papa Juana señala que los historiadores parecen no ponerse de acuerdo en nada sobre ella, incluida la fecha y el lugar de su nacimiento o la cronología de su mandato como Papa. Algunos afirman que vivió en el siglo XI, mientras que otros la sitúan en el siglo IX.

Por muy ficticia que haya sido la figura de la Papa Juana, se suponía que la mera posibilidad de su existencia era suficiente para asustar a la Iglesia hasta hacerle un agujero en una silla y someter a todos los futuros Papas a una prueba embarazosa. Al parecer, el elegido era obligado a desnudarse de cintura para abajo frente a una audiencia y luego se sentaba en una silla para que un médico pudiera examinar sus genitales. El historiador Fernand Leroy añade a la historia que después del examen, el médico anunciaba a la multitud: “¡Duos habet et bene pendentes! [¡Tiene dos testículos y cuelgan muy bien!]” Esto puede haber sido suficiente para que el nuevo Papa deseara haber seguido siendo obispo o cardenal.

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Noble escribe que el mito de la silla del baño papal es sólo eso: un mito. Sostiene que es una invención de historiadores imaginativos, que añaden algo de diversión a la aburrida historia del Vaticano. También especula sobre por qué las historias sobre la sedes stercoraria se volvieron obsoletas, señalando que, a principios del siglo XVI, “varios escritores, con humor sombrío, dijeron que el rito había caído en desuso porque los papas recientes tenían tantos hijos bastardos que no había ninguna duda de su sexo”.

Uno puede imaginar fácilmente que los papas, a partir de ese momento, se habrían sentido aliviados de ser excusados de la experiencia, si alguna vez hubiera existido.

Fuente: Jstor/ Traducción: Maggie Tarlo

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