
por ANNA LUISA DAIGNEAULT
En la década de 1970, la lengua hawaiana parecía estar al borde de la extinción. Solo quedaban unos 2000 hablantes nativos, y la mayoría superaba los 60 años. Entonces, un grupo de activistas comprometidos puso en marcha escuelas de inmersión, un programa de radio en hawaiano y un movimiento en toda la isla para resucitar esta melodiosa lengua. Hoy en día, más de 18.600 personas hablan hawaiano con tanta fluidez como el inglés.
En todo el mundo, otras lenguas indígenas están experimentando un renacimiento. Cada vez más niños son criados como hablantes nativos de euskera en España, maorí en Nueva Zelanda y quechua en Perú y Bolivia. Diversos activistas están poniendo a disposición señales de tráfico, mapas públicos, programas de noticias, películas, publicaciones, sitios web y música en varias lenguas patrimoniales.
Algunas personas incluso están resucitando lenguas «extintas». En el suroeste de Inglaterra, el córnico, cuyo último hablante nativo murió en 1777, fue retirado de la lista de lenguas extintas de la UNESCO en 2010 y está disfrutando de un pequeño pero orgulloso renacer, en parte gracias a internet.
Vivimos en un momento crucial para la revitalización lingüística. Más de la mitad de las lenguas del mundo corren el riesgo de ser absorbidas por lenguas dominantes dentro de este siglo. En 2019, las Naciones Unidas aprobó un proyecto de resolución que declaró el período 2022–2032 como el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas.
Un movimiento creciente de activistas lingüísticos, actores culturales y académicos está encontrando nuevas formas de fomentar generaciones de hablantes a través de todo tipo de herramientas, desde diccionarios digitales hasta círculos de tambores. Estos programas están elevando el estatus de las lenguas patrimoniales ante la opinión pública, ofreciendo oportunidades para que las personas conecten y ayudando a las comunidades marginadas a hacer frente a una discriminación histórica.
Pero cambiar el rumbo de la extinción de una lengua no es tarea fácil, y muchas de las lenguas que se están revitalizando todavía se consideran amenazadas.
Como antropóloga lingüística y directora de programas del Living Tongues Institute for Endangered Languages en Salem, Oregón, he realizado trabajos de campo en las Américas e islas del Pacífico, y he hablado con activistas lingüísticos de todo el mundo sobre sus éxitos y reveses. ¿Qué estrategias para revitalizar lenguas funcionan? ¿A qué obstáculos se enfrentan las comunidades? ¿Y qué soluciones creativas están utilizando los grupos para nutrir las lenguas amenazadas o devolver la vida a las que están durmientes?
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«Sabemos que para mantener vivas las lenguas, hay que crear un entorno de inmersión sólido», afirma Philippe Tsaronsere Meilleur, director ejecutivo de Native Montreal, un centro de aprendizaje indígena en Canadá. Muchos antropólogos y lingüistas coinciden en que la inmersión total ofrece el mejor camino hacia la fluidez, aunque cada comunidad tiene necesidades diferentes y las metas de revitalización lingüística se dirigen mejor bajo el liderazgo de los actores locales.
El método de inmersión se ejemplifica en los «nidos de lengua», donde niños pequeños y otros principiantes aprenden de forma regular con ancianos que hablan la lengua con fluidez o semi-fluidez. Uno de los primeros nidos de lengua fue creado en Nueva Zelanda en 1982 por ancianos maoríes preocupados por la desaparición de su lengua, su cultura e incluso su orgullo. Los ancianos decidieron enseñar a los niños su lengua materna a través de canciones y juegos culturalmente relevantes, «como un pájaro que cuida a sus polluelos», como dicen los maoríes; de ahí el término «nido de lengua».

El modelo de nido de lengua tuvo tanto éxito que migró a Hawái y luego a todo el mundo. Los nidos de lengua suelen ser espacios físicos, pero también se pueden encontrar en línea, como esta versión en cheroqui.
Los nidos de lengua y otros enfoques comunitarios animan a los padres a adoptar el uso de su lengua o lenguas patrimoniales en el hogar. Pero para involucrar a los padres, los programas deben ser adaptables. «Si eres una madre soltera que intenta aprender su lengua nativa, tenemos que ser accesibles para ti», señala Meilleur. «Necesitamos cuidado infantil. Necesitamos horarios flexibles para los padres y horarios los fines de semana. La ubicación y los horarios de nuestros cursos son realmente importantes para nuestro éxito».
Si bien los programas de inmersión pueden dar excelentes resultados, requieren un financiamiento y recursos significativos para mantenerse en el tiempo. «La falta de capacidad lo dificulta: no hay suficiente contenido, capacitación ni profesores», explica Meilleur. «La gente no se da cuenta del costo de revitalizar las lenguas y de lo que costaría gestionar sistemas educativos enteros en estos idiomas. Establecer las instituciones, formar al personal y asegurarse de que se apliquen las técnicas adecuadas para escribir y leer en nuestras lenguas es un enorme desafío».
Esto es especialmente cierto en regiones donde se hablan numerosas lenguas indígenas. En Native Montreal, por ejemplo, los instructores enseñan lenguas como el cree de James Bay, inuktitut, kanien’kéha y mi’kmaq.
Las zonas donde predomina una sola lengua indígena —como el maorí o el hawaiano— pueden tener ventaja porque parten de una base de hablantes bastante amplia y pueden concentrar la financiación, la formación de profesores y los recursos en esa lengua. Sin embargo, existen variaciones dialectales que también conviene preservar y tener en cuenta.
Pero los países con un alto nivel de diversidad lingüística se enfrentan a un grave desafío en las próximas décadas: ¿cómo pueden prosperar las lenguas con pocos hablantes si la gente se inclina por usar lenguas dominantes en lugar de sus propias lenguas ancestrales?
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Bolanle Arokoyo, lingüista nigeriana de la Universidad de Ilorin en Nigeria, sabe que el problema de la erosión lingüística en su país es complejo. «Nigeria tiene unas 500 lenguas, la mayoría de las cuales se ven afectadas por idiomas locales y globales», señala. «La pérdida de una lengua se traduce en la pérdida de todo un sistema de conocimiento, comunicación y creencias; de ahí la necesidad de revitalizar las lenguas nigerianas».
Arokoyo se dedica a documentar y revitalizar lenguas nigerianas como el olùkùmi y el owé (un dialecto del yorùbá). Afirma que la participación activa de la comunidad es un componente crucial para el éxito a largo plazo. «En las comunidades olùkùmi, ahora se entregan nombres olùkùmi para ayudar a los jóvenes a conectar con sus raíces. Los ancianos también hacen esfuerzos conscientes para garantizar que los niños hablen la lengua».

Esos esfuerzos se apoyan en las escuelas locales creando acceso a un diccionario olùkùmi y a otros materiales educativos que Arokoyo ha producido en colaboración con hablantes fluidos, con el apoyo del Living Tongues Institute for Endangered Languages.
En todo el mundo, las comunidades también están creando eventos culturales como talleres culinarios tradicionales, caminatas por la naturaleza, retiros lingüísticos para adultos, campamentos de idiomas para adolescentes, festivales de artes del lenguaje, proyecciones de películas y concursos donde principiantes y expertos pueden conectar con una lengua y un grupo cultural determinado.
Arokoyo señala que la radio también es un gran recurso comunitario para transmitir lenguas en peligro. Los hablantes de owé lanzaron un programa llamado «Owé on the Radio» en Okun Radio, una emisora nigeriana que se transmite localmente y se difunde en línea para la diáspora nigeriana.
Gracias al costo relativamente bajo de la radio y a su capacidad para ofrecer información local importante, las emisoras de radio indígenas están prosperando en todo el mundo, incluso en países con alta diversidad lingüística, como Canadá.
Además de la radio, la televisión ayuda a que las lenguas sigan siendo relevantes al mantener una presencia diaria en la vida de los hablantes cercanos y lejanos. En Gales, un canal de televisión dedicado al idioma galés emite dramas de gran éxito para los 874.700 hablantes de la región. Perú cuenta con programas de televisión dedicados a las lenguas quechua, asháninka y aimara.
En algunos lugares, como América Latina, poner en marcha estos enfoques comunitarios puede ser una lucha cuesta arriba. Por ejemplo, un pasaje de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión de México establecía que todos los medios de comunicación masiva mexicanos debían transmitir en español, la lengua nacional. En 2016, la Suprema Corte de Justicia de México dictaminó que dicho pasaje era inconstitucional, fallando a favor de representar la diversidad lingüística del país en los medios mexicanos.
El fallo fue una victoria para los radiodifusores en lenguas indígenas, así como para artistas, escritores, comentaristas y periodistas que crean contenidos en lenguas indígenas para radio, televisión y otros medios de comunicación masiva. También sentó las bases para que los esfuerzos de revitalización lingüística ganen más reconocimiento nacional y oportunidades de difusión.
Las lenguas que están amenazadas también deben tener una presencia sólida en los espacios digitales, sostiene Arokoyo. En Nigeria, el owé todavía tiene una amplia base de hablantes, pero los jóvenes solo tienen una fluidez parcial. El uso del dialecto está desapareciendo de la vida cotidiana. Por ello, los hablantes de owé crearon un grupo de Facebook donde los estudiantes debaten sobre palabras, proverbios y modismos, además de formular preguntas y abordar cuestiones sociales.
Internet puede funcionar como un tejido conectivo que une a los hablantes a través de grandes distancias. En Cornualles, la «nueva generación de hablantes de córnico se encontró en línea y aprovechó los espacios digitales para hablar a diario», señaló el activista lingüístico Daniel Bögre Udell en una reciente charla TED. «A partir de ahí, organizaron eventos semanales o mensuales en los que podían reunirse y hablar en público».
Además, Bögre Udell cofundó Wikitongues, una red en línea de defensores de las lenguas de más de 70 países. El sitio web Rising Voices ofrece microbecas, tutorías y oportunidades de creación de redes. Las aplicaciones para el aprendizaje de idiomas y la aplicación móvil Talking Dictionary, desarrollada por el Living Tongues Institute for Endangered Languages, ayudan a las comunidades a crear y acceder a recursos lingüísticos en línea.
También es importante aumentar la visibilidad de las lenguas minoritarias en espacios como calles, escuelas y la prensa local y nacional. Aunque a Canadá todavía le queda un largo camino por recorrer para dar relevancia a las lenguas habladas por las Primeras Naciones, la ciudad de Montreal cambió recientemente el nombre de la calle Amherst por el término indígena kanien’kéha (mohawk) «Atateken», que se traduce aproximadamente como «hermandad» y denota paz y fraternidad. Este pequeño acto de descolonización ayuda a revertir la influencia del colonialismo y pone de relieve el paisaje lingüístico original que caracterizaba a la ciudad.
La experiencia de ver, oír y leer palabras y frases en lenguas en peligro celebra su existencia y su larga presencia histórica. También ayuda a desmantelar la opresión, mejorar el bienestar e incrementar la autoestima de los hablantes al reforzar el hecho de que tienen derecho a hablar sus lenguas.
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Otra forma que tienen las comunidades indígenas de recuperar su ascendencia tras siglos de colonización y asimilación cultural es devolver la vida a una lengua extinta. Cuando se trata de lenguas durmientes (aquellas que perdieron a sus últimos hablantes hace décadas, pero que aún conservan algunos usos sociales), crear una generación completamente nueva de hablantes es difícil, pero no imposible.
En Luisiana, el Kuhpani Yoyani Luhchi Yoroni (Grupo de Trabajo de la Lengua Tunica) está revitalizando la lengua tunica, cuyo último hablante falleció a mediados del siglo XX. El lingüista Andrew Abdalian, miembro del grupo de trabajo, afirma que el objetivo del proyecto es «reintroducir el tunica como lengua del hogar, con transmisión intergeneracional». El equipo ha publicado libros infantiles, creado un sistema ortográfico estandarizado, compilado un libro de texto, impartido clases semanales para jóvenes de la tribu y organizado un campamento de verano de lengua y cultura.
La tribu Tunica-Biloxi de Luisiana recibió recientemente una subvención de la Administración para los Estadounidenses Nativos destinada a un programa de mentores y aprendices, que cubrirá los costos para que cinco miembros de la tribu estudien su lengua ancestral a tiempo completo durante tres años. «Esto ayudará a ampliar la base de profesores de la tribu, además de proporcionar más vías de transmisión de la lengua», señala Abdalian.
Por su parte, el Dr. Marvin «Marty» Richardson, director del Haliwa-Saponi Historic Legacy Project en Carolina del Norte, ha trabajado durante décadas para reconstruir y revitalizar la lengua tutelo-saponi utilizando materiales de archivo, grabaciones, entrevistas y publicaciones lingüísticas.
«Recuperar nuestra lengua es muy importante porque es fundamental para nuestra identidad y para mantener nuestra cultura tradicional», afirma Richardson. «A causa del colonialismo, se ha perdido la mayor parte de nuestra cultura tradicional. Pero con compromiso y esfuerzo, podemos revitalizar muchos aspectos de nuestra cultura y enseñarlos a la siguiente generación. La lengua es un aspecto central de nuestra tribu».
Una forma en que los miembros de la tribu india Haliwa-Saponi integran y elevan su lengua es escribiendo letras de canciones en tutelo-saponi. «Grupos de tambores como Stoney Creek, Red Clay y otros componen canciones en la lengua para preservarla, poder comunicarse con los bailarines y honrar a las personas», explica Richardson.
Richardson compuso la canción «Lone Eagle» en honor a su amigo Aaron «Lone Eagle» Montez, miembro de la tribu india Chickahominy que falleció trágicamente hace unos años. La letra dice «no:na yį’ki so:ti yamąhiye hu:k witaxé: yą:ti itą’:» («Joven y fuerte cantor, amigo de todos con un gran corazón, espíritu»). Escribir una obra de arte tan poderosa perpetúa la memoria de Montez y crea un nuevo himno para que lo adopten los jóvenes cantantes.
Las lenguas son un derecho fundamental y la piedra angular de la diversa identidad cultural de la humanidad. Hablar una lengua dominante no significa que las comunidades tengan que renunciar a su derecho a mantener y promover su lengua ancestral a nivel local y global. Con apoyo público, financiación, acceso a herramientas y reconocimiento, los hablantes de lenguas en peligro y durmientes pueden cambiar el curso de la historia y recuperar sus lenguas ancestrales para las generaciones venideras.
Sapiens. Traducción: Maggie Tarlo