¿A los equipos con jugadores inmigrantes les va mejor en el Mundial de Fútbol?

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por BEN BRINDLE – Universidad de Oxford

Pocos habrían predicho el éxito de Marruecos en la Copa Mundial de la FIFA 2022. Al llegar al torneo, ocupaban el puesto 22 del mundo y nunca habían avanzado más allá de los octavos de final. Sin embargo, vencieron a Bélgica, España y Portugal (países que tanto entonces como ahora se encuentran entre los diez mejores del mundo) en su camino para convertirse en la primera nación africana de la historia en alcanzar la semifinal.

La trayectoria de Marruecos no solo fue notable (y totalmente merecida). También desató un debate más allá del fútbol porque 14 de los jugadores de su plantilla de 26 convocados habían nacido en el extranjero, más que cualquier otra nación en el torneo.

La Copa del Mundo de 2026 contará con más jugadores nacidos en el extranjero que cualquier edición anterior. Casi una cuarta parte de los 1248 jugadores seleccionados para las selecciones nacionales nacieron en un país diferente al que representarán. En algunas plantillas, las proporciones son muy superiores: el 96% de los jugadores de Curazao nacieron en el extranjero, al igual que el 85% de los de la República Democrática del Congo y el 73% de los de Marruecos. En general, los jugadores nacidos en el extranjero constituyen la mayoría de los futbolistas en ocho de las 48 plantillas del torneo.

La migración ha formado parte de la historia de la Copa del Mundo desde sus inicios. En la tercera edición del torneo en 1938, por ejemplo, el 12% de los jugadores representaba a un país distinto de aquel en el que habían nacido. Esto se debió en parte a que la FIFA no introdujo normativas que regularan la elegibilidad de los futbolistas para las selecciones nacionales hasta 1962, lo que significaba que no era raro que los jugadores representaran a múltiples países a lo largo de sus carreras.

Algunos jugadores representan a países distintos de aquellos en los que nacieron porque son elegibles a través de un padre o abuelo. Estos jugadores a menudo surgen de comunidades de la diáspora creadas por olas migratorias anteriores. Un ejemplo es el finalista de la Copa del Mundo de 2018, Ivan Rakitić, quien nació y creció en Suiza pero eligió representar a Croacia. En una entrevista de 2025, Rakitić explicó que cuando tuvo que elegir entre los dos países, su corazón le dijo que debía jugar para Croacia.

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Otros jugadores se clasifican a través de requisitos de residencia. Pepe, por ejemplo, nació en Brasil pero jugó en cuatro Copas del Mundo para Portugal entre 2010 y 2022 tras naturalizarse ciudadano portugués a los 24 años.

Sin embargo, los jugadores nacidos en el extranjero son solo una parte de la historia. Las plantillas de la Copa del Mundo también contienen muchos migrantes de segunda generación. La selección francesa ganadora de la Copa del Mundo de 2018 es quizás el ejemplo más conocido: 12 de sus 23 jugadores tenían padres africanos.

Tales patrones no son aleatorios. La plantilla de Francia reflejaba los vínculos coloniales y postcoloniales del país con el norte y el oeste de África. Del mismo modo, desde mediados de la década de 2000, la selección nacional de Suiza se ha visto cada vez más moldeada por la migración procedente de la antigua Yugoslavia, tras los conflictos y el desplazamiento que acompañaron a su desintegración en la década de 1990.

La plantilla de Inglaterra para 2026 también cuenta una historia sobre el historial migratorio del país. Junto a Marc Guéhi, que nació en Costa de Marfil, al menos nueve jugadores tenían un progenitor nacido en el extranjero. La mayoría tiene raíces familiares en antiguas colonias británicas de África y el Caribe, lo que refleja los patrones de migración hacia el Reino Unido posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Al mismo tiempo, 24 jugadores nacidos en Inglaterra han sido seleccionados por otros equipos de la Copa del Mundo. Esto incluye a cinco que representan a Escocia y 19 que juegan para países más allá de las Islas Británicas (incluidos Estados Unidos, Nueva Zelanda y Ghana).

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¿Importa esto sobre el terreno de juego?

Relativamente pocas investigaciones han examinado si las selecciones nacionales con más jugadores migrantes rinden mejor en el campo. Pero la evidencia disponible sugiere que sí.

Un estudio de 2022 analizó cada Copa del Mundo entre 1970 and 2018 y encontró que los equipos con más jugadores nacidos en el extranjero generalmente avanzaban más en el torneo. En promedio, cada jugador adicional nacido en el extranjero se asociaba con aproximadamente 0,15 partidos adicionales jugados. La relación se mantuvo incluso después de contabilizar las diferencias más amplias entre los países, lo que sugiere que la migración puede proporcionar ventajas más allá de las asociadas únicamente con la riqueza o la tradición futbolística.

Otro estudio de 2023 examinó a las selecciones nacionales europeas que compitieron en Copas del Mundo y Campeonatos Europeos entre 1970 y 2018. Utilizando los apellidos de los jugadores para estimar sus orígenes ancestrales, midió la diversidad de antecedentes dentro de cada plantilla y descubrió que los equipos más diversos tendían a rendir mejor en promedio. Específicamente, la investigación encontró que un aumento de una desviación estándar en la diversidad conducía a un aumento en la diferencia de goles (el número de goles que anota un equipo menos el número de goles que concede) de alrededor de 1,3 por partido en promedio.

Hay al menos dos factores que podrían explicar estos resultados. En primer lugar, la migración puede ampliar el grupo de jugadores disponibles para una selección nacional. La plantilla de Ghana para el torneo de 2026 se nutre en gran medida de las comunidades de la diáspora en Europa occidental. Esto le permite reclutar jugadores formados en algunos de los sistemas de fútbol más fuertes del mundo.

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En segundo lugar, la migración puede aumentar la diversidad de habilidades disponibles dentro de una plantilla. Los futbolistas necesitan rasgos físicos y habilidades técnicas específicas para tener éxito en el campo. Los defensores centrales, por ejemplo, suelen ser altos y físicamente fuertes. Los jugadores más ofensivos, por otro lado, a menudo requieren velocidad. Una población más diversa probablemente proporcionará un grupo más grande de jugadores potenciales para cada posición, lo que resultará en una mejor complementariedad a nivel de equipo.

Esto no significa que la migración gane Copas del Mundo. Argentina ganó la Copa del Mundo de 2022 sin un solo jugador nacido en el extranjero en su plantilla. El éxito también depende del tamaño de la población, la riqueza económica y el entrenamiento. Que Lionel Messi juegue en tu equipo también ayuda.

No obstante, la limitada evidencia disponible indica que la migración puede influir en el fútbol internacional más allá de simplemente cambiar la composición de los equipos que compiten. Si la plantilla de Marruecos de 2022 se hubiera limitado a jugadores nacidos y criados en Marruecos, ¿habrían llegado de igual manera a las semifinales? Nunca lo sabremos con certeza. Pero si Curazao lo logra en esta ocasión, el papel de la migración en el éxito futbolístico puede volverse más difícil de ignorar.

The Conversation. Traducción: Horacio Shawn-Pérez

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