
por DANIEL CANGUSSU – Universidad Federal de Minais Gerais
A partir de la década de 1980, para garantizar el respecto del principio de autodeterminación de los pueblos indígenas que habían optado por el aislamiento en la selva, Brasil promovió la “política de no contacto”. Se trata de un elaborado entramado de técnicas y métodos destinados a vigilar y proteger esos territorios indígenas de forma totalmente indirecta, sin forzar el contacto con las poblaciones aisladas. Sin embargo, la noción de “no contacto” no privilegió el estudio de campamentos abandonados o de piezas de cultura material, sino que convirtió a las plantas y árboles presentes en estos territorios en los objetos principales de investigación. Las evidencias del manejo forestal indígena, impresas en los troncos como cicatrices o cortes realizados para la extracción de fibras y resinas, así como las torceduras causadas por mano humana, están siendo rigurosamente registradas, analizadas y datadas. Estos estudios permiten comprender las formas en que los pueblos indígenas aislados se relacionan con el bosque, a la vez que definen áreas de ocupación y reconstruyen un historial de movilidad. Esta mirada, propia de los “expertos del bosque”, que se dirige hacia la materialidad de los vestigios de la selva Amazónica, es importante para comprender la historia de muchas otras florestas de nuestro planeta.
La “ciência mateira”, es decir, la ciencia de los mateiros, constituye un conjunto de conocimientos especializado, que resultan de un íntimo contacto con los bosques. A través de la identificación e interpretación del material vegetal, tanto de los procesos de sucesión como del crecimiento de diferentes especies, los mateiros buscan comprender la interacción entre los seres y su entorno. Por lo tanto, se trata de una ciencia resultado de una construcción empírica de estos conocimientos, basada en la atención a las huellas como residuos de experiencias pasadas, a menudo imperceptibles para el ojo desatento, que busca tanto una comprensión del pasado de los bosques, cuanto de las comunidades humanas y no-humanas cuyas presencias quedan impresas en la celulosa y la lignina.
Si bien en las últimas décadas la arqueología amazónica nos ha sorprendido con fascinantes descubrimientos, que han cambiado radicalmente nuestra perspectiva sobre los pueblos que vivían estas regiones, tal vez ha llegado el momento de orientar parte de esta atención hacia los bosques, “monumentos vivos” que podrían tener mucho que decir sobre un pasado aún más lejano en la historia de la humanidad. Se trataría, por lo tanto, de redirigir nuestra mirada hacia el tiempo de los árboles y formular una “estratigrafía inversa”, que se desarrolla sobre el suelo en vez que bajo tierra.

Existen historias humanas, muy conocidas, contadas por los árboles. Los viejos pinos bunia (Araucaria bidwillii) de Australia, por ejemplo, llevan en sus troncos marcas muy antiguas que fueron dejadas por los aborígenes de la región: profundos surcos en la corteza usados para trepar y recoger sus enormes piñas. ¿Y qué decir de los baobabs de Madagascar? Como para los jatobá (Hymenaea courbaril) de los bosques brasileños, estos árboles han servido de lienzo para los pueblos que, durante cientos de años, han tallado su propia historia en la corteza y convirtieron los troncos en refugios.
Aún quedan las cicatrices producidas por la extracción de corteza usada para fabricar hilos, cuerdas para instrumentos musicales, sedales, cestas, redes y trampas. ¿Y las secuoyas gigantes de California o el ciprés de Tule en México, guardarán registros similares? Quizás no en las capas más superficiales de su corteza, como en los ejemplos anteriores, sino sedimentados en las profundidades de sus gigantescos troncos. Con toda seguridad, estos árboles guardan secretos milenarios sobre los pueblos indígenas de América con los que convivieron. Recientemente, investigadores brasileños descubrieron en el sur de Bahía, al noreste de Brasil, un ejemplar de pau-brasil (Paubrasilia echinata) de más de 600 años. ¿Cuáles secretos sobre el Sudamérica pre y poscolonial habrá escondido durante toda su vida solitaria?
Aunque parezcan meras especulaciones botánicas, producidas por “abstracciones silvestres”, estos mismos fenómenos, con frecuencia, se hacen visibles también en las ciudades o en paisajes bucólicos.
Los clavos prendidos en los árboles, al igual que los alambres y las cuerdas que sujetan sus troncos, durante el proceso de crecimiento y expansión son incorporados por los tejidos vegetales. A diferencia de lo que ocurre en los animales, estos elementos no son expulsados al exterior de los cuerpos vegetales, y es posible encontrar objetos inusuales que han sido parcialmente absorbidos por los árboles, como neumáticos, botellas, barras de hierro, vallas, bancas de parque e incluso bicicletas.
No hay duda de que la ciência mateira cumple su papel como herramienta central de una botánica forense, que responde a los innumerables ataques a los derechos de los pueblos originarios de América, como ocurrió recientemente con la tesis jurídica del “marco temporal” en Brasil y con tantas otras falacias oportunistas en todo el continente. La ciência mateira nos ayuda a esbozar las historias de los pueblos nativos contemporáneos gracias a los árboles con los que sus antepasados tuvieron relaciones profundas en cuanto “especies compañeras”, como diría Donna Haraway (2021).
Hoy sabemos que una parte fundamental de nuestra historia se escribió con el lenguaje vegetal de los grandes árboles, y por ello debemos asegurarnos de que resistan al Antropoceno. Permitámosles continuar su vida como viajeros del tiempo, y confiemos en que, a partir de ahora, registren una historia marcada por un cambio de paradigma en las relaciones entre humanos y no humanos. Una historia que cuente cómo nos hemos acercado a los bosques de este planeta y cómo, juntos, garantizamos la protección de la vida de los árboles, de los humanos, de los grandes animales y de todas las pequeñas cosas y seres que cohabitan este mundo.
Notas
1. El término “mateiro” (en portugués) se refiere a un experto forestal que, gracias a sus conocimientos empíricos, es capaz de leer e interpretar los indicios del bosque, incluyendo huellas, marcas en las plantas, patrones de crecimiento y rastros de presencia humana y no humana.
Bibliografía
Haraway, Donna J. 2003. The Companion Species Manifesto: Dogs, People, and Significant Otherness. Chicago: Prickly Paradigm Press.