Antropología DJ

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por LUCA BRULS  

Imagínense asistir a una sesión de escucha con antropólogos. Se lleva a cabo en un gran recinto con varias salas con poca luz. En una noche normal, una multitud densa y apenas visible, frente al sistema de sonido, reservaría espacio para los sonidos graves de los bombos. Sin embargo, en esta ocasión, el ritmo está ausente, ya que el DJ opta por un camino diferente. El DJ aspira a que su investigación sea escuchada, en diálogo con los oyentes y los sonidos. Algunos espectadores permanecen de pie frente a la mesa de mezclas; otros se recuestan sobre cojines y cierran los ojos intencionadamente mientras escuchan la mezcla que emana de los altavoces ubicados en diferentes puntos de la sala. Muestras etnográficas de grabaciones de campo se reproducen a través de tocadiscos digitales hasta una mesa de mezclas. Los espectadores se reúnen, escuchan y comparten en sintonía con los materiales etnográficos cuidadosamente seleccionados, ordenados y secuenciados. Las grabaciones se mezclan como palabras en un texto narrado.

En la sintonía colectiva para la mezcla, las personas centran el sentido del oído para explorar y adquirir conocimiento mutuamente con los asistentes y el DJ. La “investigación DJ” (acuñada por Lynnée Denise en 2013) no es simplemente académica, sino también experiencial y encarnada. En este artículo, demuestro cómo la investigación DJ puede enriquecer la comprensión etnográfica a través del ejemplo de mi investigación con oyentes y recitadores de poesía islámica en Chad. Voy más allá de las ideas de epistemología experiencial, o aprender haciendo, y fenomenología, o experimentar encarnando, para ayudar a dar sentido a las relaciones sociales. ¿Cómo podemos ampliar el conocimiento antropológico sintonizando con quién produce el sonido, la velocidad de las acciones, el entorno y el ritmo de las sonoridades? Es a través del acto de escuchar que las personas pueden alcanzar una comprensión profunda de las sociedades. Pauline Oliveros introdujo la práctica de la escucha profunda en “Meditaciones sónicas” (1971). Diferenció entre la audición involuntaria y la escucha voluntaria para abordar cómo la escucha revela detalles y una conciencia más profunda del entorno. Las performances participativas de Oliveros buscaban crear presencia colectiva y “crecimiento comunitario”. ¿Qué papel puede desempeñar una práctica de escucha profunda para mejorar los métodos participativos de la antropología? ¿Cómo puede la participación auditiva en una performance etnográfica de DJ involucrar a las audiencias como colaboradoras?

El antropólogo Steven Feld acuñó el término “acoustemología” (epistemología acústica) para explicar los conocimientos que se generan al escuchar, editar y teorizar sobre el sonido (Feld 2015). Los etnógrafos sonoros sostienen que el sonido es un valioso método de representación. Como preguntó el pionero del campo, Feld, en una entrevista: “¿Qué ocurre con las etnografías que son grabaciones en cinta?” (Lane y Carlyle 2013, 208). Inspirado por la mixtape “’The People Who Keep on Going’: A Listening Party, Vol. I”, que acompaña al capítulo de Redmond y Phillips en The Futures of Black Radicalism (2017), y por el experimentalismo de las performances de danza etnográfica corporal de Katherine Dunham descritas por Elizabeth Chin (2014), imagino una sesión de escucha con antropólogos DJ como una posibilidad lúdica para representar el conocimiento antropológico. La puesta en escena tiene el potencial de propiciar encuentros con colaboradores de fuera de la disciplina, lo que podría impulsar la producción de conocimiento. Al imaginar la escena inicial, resulta surrealista, como un sueño febril, pero a la vez es una visión radical y liberadora del potencial de la antropología.

Las sesiones de DJ —ya sean ambientales, orientadas a clubes o etnográficas— son producto del deseo colectivo y de la dinámica de poder entre el artista y el público. El artista busca conectar con la audiencia a través de su selección musical, complaciendo o desafiando a los oyentes para que se inspiren en la música. Pero el público no es menos poderoso: también puede dirigir la actuación mediante el diálogo corporal. Ser DJ está histórica y culturalmente condicionado. Los DJ crean narrativas sonoras que frecuentemente trascienden las fronteras culturales a través de elementos como el ritmo, la textura, la tonalidad y el tempo. Esta disciplina utiliza dispositivos tecnológicos como mezcladores, tocadiscos, micrófonos y reproductores de CD (CDJ) y sus capacidades de creación y difusión de sonido para percibir de diferentes maneras.

Al igual que la etnografía, el DJing es una disciplina que reúne a personas y pide al público que se desconecte temporalmente del ritmo frenético del mundo. Históricamente, tanto antropólogos como DJs abordan la compleja política de la que surgen sus hallazgos y selecciones, siendo los afroamericanos y caribeños quienes sentaron las bases del DJing como forma de arte (Katz 2012). Además, ambos campos comparten la atención a la improvisación. El énfasis que tanto los DJs como los antropólogos ponen en la colaboración —entre público e intérprete o interlocutores y antropólogo— exige que los participantes sean receptivos a lo inesperado. Pero mientras que las sesiones de DJ se centran en la performance, buscando dar vida a la música, el habla y los gestos, la etnografía es discursiva, pues busca reconocer y producir formas de conocimiento. ¿Qué surge, entonces, cuando el DJing se fusiona con la etnografía?

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Redes musulmanas sonoras

En febrero de 2025 comencé mi trabajo de campo en Chad. Mi tesis se centra en las redes musulmanas del subgrupo étnico Fulani Maré, asentado en la cuenca del Chad. Trabajo específicamente con mujeres que dirigen escuelas coránicas (khalwa) en Yamena y en Logone Occidental, al sur de Chad. El grupo con el que más colaboré durante mis once meses de trabajo de campo fue el majmu’a al-jumu’a (literalmente, «el grupo del viernes»). Organizaban ceremonias semanales de congregación los viernes dentro y fuera de Yamena. El estudio pone de relieve la transformación de las relaciones, que se desorganizan y reorganizan en el contexto del conflicto, mediante la comprensión de las respuestas de las mujeres ante la incertidumbre y la inseguridad. Además, el proyecto de investigación aborda las conexiones sociales derivadas del uso de las redes sociales, que vinculan y transforman las nociones de lugar e ideología entre los musulmanes de la hermandad Tijani en el Sahel. El objetivo es identificar los nodos de las redes musulmanas. Existe la tendencia a pensar en las redes en términos visuales, con nodos conectados mediante aristas dibujadas en mapas o mediante visualizaciones computacionales de redes. En lugar de visualizar redes, intenté comprenderlas a través del sonido, ya que cada lugar al que fuimos el majmu’a al-jumu’a y yo nos albergaba en entornos acústicos diferentes. Quería capturar los ritmos de las atmósferas de Yamena, donde cada nodo tenía sus particularidades sonoras. Con una grabadora Zoom H5 en mano, asistí a escuelas coránicas, viajes por carretera y ceremonias religiosas.

La grabación de campo de canciones populares, rituales y ceremonias tiene una larga tradición en la etnografía (Bates 2019). Feld (1982) amplió estas tradiciones al comprender cómo las personas escuchan y describen sus mundos sonoros. En diálogo con el trabajo de antropólogos de los medios que enfatizan la importancia de los sentidos (Waltorp 2021), investigué los sonidos mediados a través de las infraestructuras de los teléfonos inteligentes y su relación con los entornos inmediatos.

Encrucijada religiosa

En cualquier lugar donde me encontrara, la gente negociaba sus ideales éticos y religiosos escuchando madi ḥ, escritos principalmente por el erudito islámico y santo senegalés Sheikh Ibrahim Niasse (1900-1975). El madi ḥ es un género poético panegírico. Su interpretación es un símbolo de piedad, ya que los sonidos son una señal del esfuerzo de las personas por estudiar las fuentes sufíes. La perfección en la interpretación es un arte. Conocer la letra de memoria es una cosa; entonar el poema con expresión emocional es otra. Hombres y mujeres dedican años a practicar los textos, pero algunos tienen la fortuna de nacer con una voz excelente. Los recitadores bien entrenados son frecuentemente solicitados para actuar en ceremonias religiosas, letanías de los viernes e incluso bodas y funerales. Durante estos eventos, los oyentes grababan el madi ḥ que interpretaban los aspirantes y recitadores aficionados. En estos momentos de escucha y canto colectivos, grupos de cinco a cientos de personas memorizaban al Sheikh Ibrahim Niasse. La maestra de la oración del viernes me dijo que al escuchar el madi ḥ, los musulmanes pueden acceder a los secretos divinos de Niasse. Dondequiera que las mujeres escuchaban elogios al profeta Mahoma, aprendían poemas de memoria y satisfacían su anhelo de cercanía con Dios. Esta práctica de memorización permitía una experiencia colectiva y vivencial del Islam, a la vez que otorgaba significado a los santos y líderes religiosos de todo el Sahel.

Los recitadores de Madiḥ tenían un poder particular, ya que sus voces encantaban a los oyentes y les proporcionaban ingresos y regalos. Los oyentes depositaban su fe en estos poderes superiores que recitaban, al rendirse a sus voces y a la sabiduría de su memorización. Al mismo tiempo, esos oyentes ganaban autonomía al cantar y compartir recursos sonoros. Como argumenta Umi Hsu: “Los sonidos pueden ser un medio de poder para que las personas afirmen su autonomía” (2018, 140). Después de los eventos, las mujeres compartieron los archivos mp3 o mp4 grabados a través de aplicaciones como Xender, WhatsApp o TikTok. Las mujeres y las jóvenes que no asistieron a las numerosas ceremonias de mawalid an-nabi (celebración del cumpleaños del profeta Mahoma), las ceremonias de entrega de diplomas o las letanías de los viernes en toda la ciudad aún podían participar a través de la difusión de audio mediante teléfonos inteligentes. Los sonidos viajaron y cobraron vida propia. Las sonoridades circulaban entre el espacio digital y el lugar físico, a medida que los musulmanes chadianos amplificaban los archivos recién adquiridos en sus teléfonos móviles en casa y cuidaban los objetos religiosos sonoros guardando atentamente los archivos en el archivo móvil, en memorias USB o creando una lista de reproducción.

Me adentré en el mundo de los teléfonos inteligentes y descubrí que constituían una encrucijada religiosa para quienes los escuchaban. La interconexión entre las esferas online y offline permitía a las mujeres participar en una amplia red de musulmanes. En casa, solas, o cuando los estudiantes se visitaban entre sí o a sus profesores, escuchaban a cantantes de madiḥ procedentes de Chad, Nigeria, Camerún y Senegal. De este modo, la escucha tuvo una gran importancia en la creación de una red transaheliana.

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Durante el trabajo de campo, me integré al intercambio de archivos. Las mujeres me animaron a usar mi grabadora y colocarla frente al intérprete, junto a pilas de teléfonos móviles Tekno y smartphones, que también servían como dispositivos de grabación. Como tenía un buen equipo de sonido y vídeo, profesores y estudiantes empezaron a invitarme a coproducir TikToks y documentación audiovisual con ellos. Seyda Fatime, una mujer fulani de 38 años, musulmana devota y con amplios conocimientos, me encargó tomar fotografías y grabar durante su mawlid. También me pidió que grabara y publicara vídeos en su cuenta de TikTok, donde tenía cientos de miles de seguidores. Al mismo tiempo que me ganaba esta posición de confianza como grabadora de una famosa seyda , mi investigación también obtuvo reconocimiento. Además, el interés mutuo de mis interlocutores y mío por la poesía, y nuestro deseo de registrar estas expresiones, fortaleció las relaciones en el campo. Trabajamos juntos, cada uno con sus propios objetivos.

La semiótica de la mezcla

Con más de diez años de experiencia como DJ de clubes y radio, quise incorporar la performance a mi práctica académica. Me sentí motivado a incorporar técnicas narrativas que había aprendido pinchando, como transiciones de tempo, la creación de silencios y la correlación entre inicios y finales. También quería usar la tecnología de mezcla para ampliar los resultados etnográficos. Así que, justo después de terminar el trabajo de campo preliminar, experimenté con una sesión de DJ en formato de conferencia durante un evento artístico interdisciplinario en 2024 en el Centraal Museum de Utrecht, Países Bajos. Mezclé canciones ambient y pop de mi colección de DJ con fragmentos de grabaciones de campo de la investigación que había realizado entre musulmanes de la hermandad Tijani en Chad. Superpuse estas grabaciones con interpretaciones teóricas y discusiones sobre mi trabajo etnográfico e historias sobre la música seleccionada, con el objetivo de profundizar en la noción de compartir archivos de audio. Escuché, seleccioné, organicé, reproduje en bucle y recorté las pistas de tal manera que los textos que comenté contextualizaran el material etnográfico y funcionaran como transiciones entre la música y las grabaciones de campo. Reflexionando sobre este primer ensayo, me di cuenta de que el énfasis se había puesto principalmente en la selección musical y la teoría. La intención era reelaborar la presentación al regresar del trabajo de campo en 2025, haciendo audibles las realidades vividas por las mujeres con las que trabajé.

Los reproductores de CD y una mesa de mezclas no son instrumentos científicos, pero pueden liberarse de su uso convencional para narrar una historia etnográfica. En el proceso de selección y mezcla, la interpretación de la cultura por parte del investigador se hace audible. Decidí colocar una mesa de mezclas entre las grabaciones de campo para canalizarlas y difuminarlas en una narrativa, superponiendo mi voz como autora de una experiencia compartida. Los sonidos son huellas de la vida social y deben interpretarse en relación con una cultura particular. Al igual que las notas de campo, las grabaciones de campo son materiales empíricos que merecen ser analizados y procesados ​​considerando la sonoridad como epistemología. La transcripción del sonido (Bauer y Gaskell, 2000) y la codificación de la transcripción constituyen una vía para examinar y analizar las grabaciones. Esto ayuda a descubrir temas recurrentes y percepciones cambiantes, así como quién produce los sonidos, por qué, cuándo y durante cuánto tiempo. El proceso experimental de selección, edición y organización de materiales con programas de edición de audio multipista ayuda a asimilar un mundo sonoro y a capturar una experiencia cualitativa y vivida de los entornos. La mezcla, entonces, constituye una capa adicional para reflexionar sobre el material y unir sonidos como si fueran texto en un documento de Word. Este enfoque experimental permite una experiencia auditiva abierta, en la que el público transita de ideas preconcebidas a perspectivas más matizadas. La mezcla de material etnográfico anima al público a plantearse preguntas críticas y a prestar atención a cómo los sonidos nos informan sobre lo que significa ser humano y formar parte de la sociedad. La combinación de sonidos crea significado, como una semiótica de la mezcla.

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En octubre de 2025, presenté la versión revisada de la performance en el Museo Rautenstrauch-Joest, como parte de la exposición de etnografía multimodal “Fuera de foco”,  durante la conferencia de la Asociación Alemana de Antropología Social y Cultural. En esta ocasión, la performance consistió únicamente en grabaciones de campo y reflexiones sobre el intercambio de archivos y la digitalización en el contexto chadiano. Durante la performance, me senté entre el público con un teléfono inteligente en la mano, buscando involucrar a la audiencia en momentos de inmersión auditiva con madi ḥ y enseñarles sobre las prácticas sonoras mediante las cuales las mujeres chadianas definen la pertenencia y la identidad en relación con una comunidad musulmana transregional.

Sintonizar la red permitió a los oyentes escuchar cómo ciertos sonidos viajan en el mundo físico y digital. Por ejemplo, en el Sonido 3, Amina, una estudiante de Seyda Fatime, me dijo: “Gente de Nigeria, Camerún y otros lugares la ven en TikTok y saben que es la líder femenina de madi ḥ en Chad”. Decenas de mujeres buscaron y encontraron a Seyda Fatime en su ciudad natal gracias a la difusión de grabaciones de audio y video en grupos de WhatsApp y en múltiples cuentas de TikTok. Compartir archivos en TikTok fue un vínculo que trascendió la distinción entre lo online y lo offline, ya que el intercambio de archivos cambió directamente la forma en que Seyda Fatime vivía. A medida que Seyda viajaba a zonas rurales y urbanas, y a los espacios virtuales de WhatsApp y TikTok, fortaleció su red de apoyo local y regional.

Inspirada por un argumento antropológico fenomenológico que afirma que “escuchar es estar siempre al borde del significado” (Nancy (2002) 2007, 7), mi interpretación es que esa sensación sensorial pura del sonido fomenta una experiencia espacial y significativa. De hecho, las mujeres musulmanas encontraron significado en la participación en línea en prácticas de intercambio de archivos y escucha. La etnografía mixta revela que las mujeres musulmanas que participan en la oración del jueves, junto con sus amigos y familiares, escuchan el madi ḥ por amor a la poesía panegírica islámica y para cultivar la cercanía con Dios y el profeta Mahoma.

Con el auge de la antropología multimodal, hago un llamado a la disciplina para que fundamente modos experimentales de producción y publicación. La integración de la performance y las prácticas de escucha profunda exige una suspensión de los juicios de valor en torno a los estándares disciplinarios textuales, para permitirnos a nosotros mismos, a nuestros colaboradores y a nuestro público sumergirnos en los sentidos de las personas con las que convivimos. La mezcla amplifica las realidades sociales al revelar las dimensiones sonoras de la vida social, las dinámicas de poder y los entornos cambiantes. Para que el público académico y el público en general se conviertan en oyentes atentos, sensibles a las sensaciones corporales, debemos tomar en serio la idea de una sesión de escucha profunda. Los círculos de mujeres chadianas que escuchan colectivamente en línea, en eventos y en sus hogares, demuestran que el sonido no conoce fronteras; viaja. Sintonizar con esta movilidad ofrece una visión empíricamente más precisa de los constantes cambios en el intercambio cultural. Además, el trabajo de campo me enseñó que la atención a las prácticas de escucha y grabación puede ser clave para conocer a los demás y el pluralismo de sus actividades a medida que negocian su participación o retiro de los sonidos. Una etnografía de la mezcla tiene el potencial de generar un diálogo sobre estas tensiones sonoras, utilizando el crossfader como instrumento para hablar.

Cultural Anthropology. Traducción: Maggie Tarlo

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