Lucy, tres millones de años después

-

por PETER KJAERGAARD y MARK MASLIN

Hay una galería especial dentro del Museo de Historia Natural de Abu Dabi donde los visitantes bajan el ritmo, reducen la voz y, a menudo, se quedan en silencio. Frente a ellos, cuidadosamente iluminado y de un tamaño desarmadoramente pequeño, se encuentra el esqueleto de Lucy, el homínino de 3.2 millones de años de antigüedad.

Quizás más que cualquier otro pariente antiguo, Lucy nos ha desafiado a pensar profundamente sobre lo que significa ser humano.

Sus antiguos huesos fueron descubiertos en 1974 por un equipo internacional dirigido por el paleoantropólogo estadounidense Donald Johanson en la región de Afar, en Etiopía. Este espécimen extraordinariamente completo de Australopithecus afarensis transformó nuestra comprensión de la historia de la evolución humana.

El descubrimiento del esqueleto se produjo pocas semanas después de que el equipo se llenara de energía cuando Ato Alemayehu Asfaw, un paleoantropólogo etíope y miembro del equipo que más tarde se convirtió en director del Museo Nacional de Etiopía, encontrara una mandíbula de la misma especie.

El esqueleto de Lucy proporcionó pruebas claras de que caminar erguido precedió a la expansión del cerebro humano, reconfigurando las narrativas científicas que habían persistido durante décadas.

Nombrada para el mundo occidental en honor a la canción de los Beatles, “Lucy In The Sky With Diamonds”, los miembros etíopes del equipo la llamaron Dinknesh (“Eres maravillosa” en amhárico). Desde entonces, ha servido como embajadora del patrimonio cultural y natural de Etiopía. Pero, aunque se convirtió en uno de los fósiles más célebres del mundo, muy pocas personas la habían visto en realidad.

Las autoridades etíopes intentaron cambiar eso en 2007, colaborando con instituciones estadounidenses para llevar a Lucy a los Estados Unidos. Sin embargo, una campaña de científicos que expresaron su preocupación por la seguridad del espécimen frenó la disposición de los principales museos a exhibirla. Lucy se presentó en cuatro lugares antes de regresar a Etiopía en 2013.

Más en AntropoUrbana:  La pequeña guerra de los humanos contra los microbios

Casi dos décadas después, Lucy ha viajado al extranjero una vez más, esta vez al Museo de Historia Natural de Abu Dabi, del cual uno de nosotros (Peter Kjærgaard) es director. Su visita llega en un momento en que no solo ha cambiado la tecnología del transporte, sino también la narrativa que rodea a todo el campo de la paleoantropología.

Un secreto bien guardado

El último viaje de Lucy fuera de su hogar etíope fue un secreto bien guardado. En los meses previos a la inauguración del Museo de Historia Natural de Abu Dabi en noviembre de 2025, un grupo muy reducido trabajó entre bastidores en la logística y la seguridad de su transporte, así como en las delicadas condiciones ambientales de la vitrina que sería su nuevo hogar.

Un pequeño equipo viajó a Adís Abeba para trabajar en estrecha colaboración con colegas etíopes, incluidos especialistas de la Autoridad del Patrimonio de Etiopía y del Museo Nacional de Etiopía. Cada paso requirió cuidado, confianza y precisión.

Cada hueso fue embalado y protegido meticulosamente en estuches de viaje especiales con soportes diseñados individualmente para cada cavidad. Nada se dejó al azar. Nada podía salir mal.

Lucy llegó a salvo a Abu Dabi solo unos días antes de la inauguración del museo. Aún en secreto, fue guardada de forma segura mientras se realizaban los últimos controles de estado y los trabajos finales en la galería.

El curador de Lucy en el Museo Nacional de Etiopía, Sahleselasie Melaku, colocó con cuidado los frágiles huesos en la vitrina. Parecía que el resto de nosotros contuvimos la respiración durante todo el tiempo mientras veíamos cómo las piezas se transformaban gradualmente en la icónica silueta de Lucy.

Más en AntropoUrbana:  Un siglo de TutankamónManía

Finalmente, ella estaba allí frente a nosotros. La decisión de Etiopía de compartirla fue una forma poderosa de celebrar la apertura de un nuevo museo en una región donde este tipo de instituciones han sido históricamente escasas.

Hemos visto a los visitantes encontrarse con Lucy no como un objeto científico abstracto, sino como un individuo. El efecto ha sido sorprendente. La gente se demora. Reflexiona. Muchos se muestran visiblemente conmovidos y, a menudo, sorprendidos al darse cuenta de que no se trata de una réplica, sino del fósil real: un ser que vivió y se movió por nuestro mundo hace millones de años.

Colaboración, no colonialismo

El viaje de Lucy desde Etiopía a Abu Dabi refleja un cambio más amplio en la forma en que se comparten el conocimiento, el patrimonio y la autoridad.

Durante gran parte de la historia moderna, los descubrimientos procedentes de África se recolectaban, estudiaban, interpretaban y exhibían lejos de sus lugares de origen. Ahora, ese modelo está cambiando. Cada vez más, las naciones africanas afirman su liderazgo sobre su patrimonio cultural y científico, determinando no solo cómo se conserva, sino también cómo se interpreta, se comparte y se muestra.

La presencia de Lucy en Abu Dabi encarna este cambio. No ha sido retirada de su contexto; se ha compartido a través de la colaboración. Sigue siendo etíope y su viaje está definido por una sólida alianza, un modelo que esperamos genere confianza, fortalezca las instituciones tanto en los Emiratos Árabes Unidos como en Etiopía, y abra nuevas vías para la investigación y la educación compartidas.

Cuando el Museo de Historia Natural abrió en Londres en 1881, fue visto como un símbolo de la ambición victoriana, la curiosidad científica y el poder industrial. De manera similar, la construcción de un Museo de Historia Natural en Abu Dabi en el siglo XXI es un símbolo de nación, identidad global y ambición científica.

Más en AntropoUrbana:  La vida es un juego

El museo fue diseñado desde cero para involucrar a un público moderno en conceptos contemporáneos como la biodiversidad, la conservación y los impactos humanos. Abrió en un momento de reconocimiento global sobre la necesidad de descolonizar muchos museos occidentales, e incluyó una inusual colección de fósiles del Mioceno tardío (de 7 a 8 millones de años de antigüedad) de los Emiratos Árabes Unidos, que habían sido devueltos desde su antiguo lugar de descanso en el museo de Londres.

Creemos que el futuro de la ciencia depende no solo del descubrimiento sino de la cooperación, de la capacidad de tender puentes entre regiones, perspectivas e historias. Lucy está ayudando a lograrlo.

Cuando regrese a Adís Abeba en julio de 2026, llevará consigo la huella de este intercambio. Lo que permanezca en Abu Dabi será más que el recuerdo de una exposición extraordinaria. Será un conjunto de relaciones entre instituciones, entre países, y entre las personas y su pasado compartido.

The Conversation. Traducción: Maggie Tarlo

Comparte este texto

Textos recientes

Categorías